vivir del ‘que dirán’

“yo no vivo del que dirán”.

El ‘que dirán’… tan difícil que es que realmente nos importe un reverendo pepino lo que los demás o lo que la sociedad tenga que decir de nosotros. Para ser honesto es una excelente filosofía no vivir de acuerdo a lo que la retorcida sociedad nos diga que debemos. He escuchado a varias personas que dicen que se manejan  bajo esa filosofía sin embargo actúan justamente como la sociedad les dice que deben actuar, y este ya es un problema de no ser consecuentes con lo que se dice, pero este ya es digno de otra entrada en este humilde blog.

Vivir del qué dirán por supuesto que tendrá sus consecuencias costosas para las personas, mayormente para aquellas que intentan ‘quedar bien’ con los estratos sociales a los que quieren pertenecer convirtiéndose en los famosos ‘wannabes’, o como bien lo decía el famoso R. Arjona: ‘chicos de plástico’, (buena canción por cierto). A partir de ahí incluso podemos tener gente que se ‘endeuda por comprar cosas que no necesita para impresionar a grupos a los que no les interesa’ en lo absoluto. Por otro lado, están los que dicen: ‘yo por eso ya no le hago caso a los comentarios de la sociedad’, ahora bien, es bonito intentar vivir sin que nos importe el ‘qué dirán’… excepto porque existe una nublada frontera entre: no vivir del qué dirán y no escuchar consejos.

Y es que a los seres humanos nos encanta, pero nos súper encanta, irnos a los extremos; los que toman alcohol, cada vez quieren llegar al siguiente nivel y ser más borrachos, los castos, cada vez más y más castos quieren ser, quizá hasta irse a vivir al tibet, entre otros ejemplos. Pareciera que en el caso de los que no viven ‘del qué dirán’ justamente les encanta también irse a los extremos; se atrincheraron tanto en no vivir de lo que digan los demás que bajo ésta capa decidieron vestir a los consejos de las personas y de ésta cuenta el ‘que dirán’ lo convirtieron efectivamente en ‘no hago caso de nada ni nadie que me quiera dar un consejo’  y que de hecho es un tema muy pronunciado en las nuevas generaciones, y que quizá les informaron erróneamente sobre lo que realmente era vivir sin estereotipos sociales o simplemente vivir sin hacer caso del ‘qué dirán’, pero no se preocupen, nunca es tarde para aprender; aunque existe la posibilidad de que tomen este post como algo parte del ‘qué dirán’ y lo ignorarán por completo, ya que ésta es su filosofía de vida, en lo cual están en todo su derecho.

Sería algo así como convertir la ‘no religión’ en una ‘religión’, otro tema tan observado en las nuevas generaciones también, pero de esto hablaremos otro dia.

Según me decía mi abuelita, los consejos sirven para que las personas no vuelvan a cometer los mismos errores que alguien más ha cometido y vivir de mejor forma. Vivir del ‘qué dirán’ es simplemente complacer a lo que los demás (la sociedad en general) quieran de una persona. He visto tantos jóvenes (mentales) que decidieron portar el estandarte de que no quieren vivir del ‘qué dirán’ y en su afán por ser consecuentes con ésto, simplemente cada consejo que alguna persona (que ya ha cometido errores) quiera proporcionarles también no será tomado en cuenta. Por supuesto, están también los que van por la vida complaciendo las tonteras que esta ‘retorcida’ sociedad les plantea y son felices así, pensando en las alegrías temporales, sacrificando valores a futuro. El problema no sería problema si no fuera porque cuando una persona no lleva consejo, porque ellos “no viven del qué dirán”, termina afectando a terceros, ahí es donde se vuelve problema.

Quizá deberíamos tomarnos un tiempo más largo y definir mejor la frontera entre ‘el qué dirán’ y escuchar, o no, los consejos que las personas con mayor experiencia de vida puedan proporcionarnos. Un buen inicio es ver si buscamos vivir mejor o solo encajar en un grupo social; hacer algo con un fin definido o simplemente hacerlo para pasar bien el rato. Finalmente viene siendo el clásico balance que debiéramos tener (y que nos cuesta tanto) en las cosas que hacemos, como suele decir mi madre: “ni crudo, ni recocido”.

 

 

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